COTIDIANO

Retratos (primera parte)

 

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Hoy ha tocado sesión fotográfica en casa. La primera en presentarse a filas, ha sido ella, Martina. En menos de un minuto ya se había colocado en 140 posiciones diferentes. Y además, decidiendo cómo se tenía que hacer la foto. Este torbellino me ha tenido a todo tren durante la mañana.

La idea era poner en práctica las lecciones de fotografía de la semana anterior y poder realizar las tareas propuestas. Pero además de eso, hubo risas y diversión. Porque, qué sabe un niño de trabajo? Para ellos todo pasa por el juego, y es que, es así como debe ser.

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Saltos en la cama, enredos en la cortina, sesión de maquillaje, carrera de obstáculos por toda la casa… en fin, que entre foto y foto ha habido un trabajo arduo pero a la vez entretenido y alegre. Menos mal que las escenas de trabajo se quedan «detrás del telón» porque la casa termina siempre como un campo de batalla.

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Dentro del juego como ven, también cabe la seriedad. ¿Seriedad he dicho? Bueno, dejémoslo en «teatro» porque esto es teatro, puro teatro… ¡jajaja! aquí puede parecer toda una modelo profesional, pero nada de eso… fue sólo un segundo aprovechado para apretar el botón de la cámara y captar esa miradita… porque ella seguía jugando.

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Y es que no hace falta traer a un payaso, ni tampoco un cuentacuentos… ellos solitos se montan sus historias, siempre creativas y divertidas y se parten de la risa.  Sin juguetes, ni música, ni otros objetos infantiles al alcance… esta vez ha sido la cortina y la ventana quienes les han ofrecido el juego. Esa apreciada terapia que a veces también necesitamos los mayores.

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Pero lo mejor del día, ha sido su cara después de ver el resultado de todo este lío que hemos montado.

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Pues con esta aventura de hoy, este texto y esta pequeña reflexión me despido hasta la próxima. Feliz descanso a todos y todas…✨✨

Los niños aprenden lo que viven (texto de Dorothy L. Nolte)

Si los niños conviven con las críticas, aprenden a condenar.

Si los niños conviven con la hostilidad, aprenden a pelear.

Si los niños conviven con el miedo, aprenden a ser cobardes.

Si los niños conviven con la compasión, aprenden a compadecerse de sí mismos.

Si los niños conviven con el ridículo, aprenden a ser tímidos.

Si los niños conviven con los celos, aprenden lo que es la envidia.

Si los niños conviven con la vergüenza, aprenden a sentirse culpables.

Si los niños conviven con la tolerancia, aprenden a ser pacientes.

Si los niños conviven con el estímulo, aprenden a estar seguros de sí.

Si los niños conviven con el elogio, aprenden a apreciar.

Si los niños conviven con la aprobación, aprenden a gustarse a sí mismos.

Sí los niños conviven con la aceptación, aprenden a encontrar amor en el mundo.

Si los niños conviven con el reconocimiento, aprenden a tener un objetivo.

Si los niños conviven con la generosidad, aprenden a ser generosos.

Si los niños conviven con la sinceridad y el equilibrio, aprenden lo que son la verdad y la justicia.

Si los niños conviven con la seguridad,
aprenden a tener fe en sí mismos y en quienes los rodean.

Si los niños conviven con la amistad,
aprenden que el mundo es un bello lugar donde vivir.

Si los niños conviven con la serenidad, aprenden a tener paz mental.
¿Con qué están conviviendo tus hijos?

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