COTIDIANO

Historias para no dormir (capítulo 1)

Así comienza la historia… era un día de mayo, viernes 13!!! Después de un ajetreado día de trabajo, 6 amigos, tres chicas y tres chicos, se preparan para vivir una experiencia que prometía ser de lo más relajada y tranquila. Habían planificado hasta el más mínimo detalle para que no hubiese contratiempos de última hora. El destino elegido, era un lugar idílico, una súper cabaña en medio del bosque entre el fiordo y las pistas de esquí.

Llegada la hora, se dirigen al punto de encuentro acordado. Las chicas llegan primero, aparcan el coche y esperan la llegada de dos de los chicos. El tercero, se reuniría con el grupo el sábado por la mañana ya que tenía un asunto que no podía eludir. Suena el teléfono, los chicos!! A uno de ellos se le había olvidado algo en casa y debía volver a recogerlo. Las chicas se ríen y comentan: en serio? noooo…!! bufff… hombres!! dicen con resignación.

Al rato, vuelve a sonar el teléfono… oye, dice uno de los chicos, es que no tenemos gasolina, vamos hasta la siguiente estación de servicio y nos vemos allí… La cara de las chicas era de skock: whaaaaat?? se disponían a realizar un viaje de más de tres horas y no tenían combustible!! así que con este comienzo, optaron por ponerse en modo «zen» para que  no se les saltaran los cables de la irritación.

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Una vez repuesto el coche, comienzan el viaje. Para llegar a la cabaña, primero tenían que coger un barco que los llevaría hasta otro lugar de conexión. A partir de ahí, quedaban unas dos horas más de conducción. El trayecto parecía tranquilo. Las chicas iban delante y los chicos detrás. Todos contentos y expectantes por la experiencia que iban a vivir, disfrutaban del trayecto escuchando música y comiendo chocolates. El tráfico ya se empezaba a acumular en la zona cercana al muelle donde esperaba el barco, así que la velocidad fue disminuyendo hasta formar parte de una larga fila de coches. Parados del todo en medio del camino, mientras esperaban para embarcar, seguían charlando y escuchando música.

De pronto, algo les llamó la atención. Habían oído un ruido, y no era precisamente música. Eran gritos!! gritos de desesperación… A la izquierda había un inmenso prado vallado y entonces lo vieron. Un pequeño corderito había quedado atrapado en la verja. Su pequeña cabeza se había metido por uno de los agujeros y no podía salir.

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Sin pensarlo dos veces, las chicas se bajaron del coche y acudieron en su ayuda, pero el intento fue fallido. No había forma de doblar aquel alambre para que el pobre animal quedara libre. De nuevo los coches se ponían en marcha y ya había que embarcar. Las chicas tuvieron que abandonar el intento y subir de nuevo al coche ante la mirada de los demás conductores que también esperaban en la fila. Al volver la vista atrás para ver de nuevo al corderito que habían tenido que dejar, se dieron cuenta de que había sido salvado por otro conductor que tenía unas tenazas con las que pudo cortar la verja. Fue un final feliz.

Por fin subieron al barco. La travesía era de apenas 20 minutos así que rápidamente, volvían a estar en carretera. Esta vez, sí les esperaba un trayecto más largo. Mientras conducían, impregnaban sus sentidos con las maravillas del paisaje…

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Dos horas más tarde habían llegado a su destino. Antes de dirigirse a la cabaña donde iban a pasar el fin de semana, tenían previsto pasar a comprar las provisiones necesarias para los siguientes días. Una vez finalizada la compra, ponían rumbo a Svandalen, con muchas ganas de empezar a disfrutar de esos días de descanso y desconexión.

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Una vez dentro de la cabaña y maravillados por todo lo que tenían alrededor, comenzaron a repartirse las tareas para empezar a organizar la primera cena, que habían decidido con anterioridad que estaría compuesta por «tapas», bebidas y buena música.

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Mientras cada cual se concentraba en su tarea, la cabaña se iba contagiando de cada uno de ellos. Seis personalidades provenientes de seis nacionalidades diferentes que encajaron a la perfección desde el primer momento…

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A la mañana siguiente y después de haber disfrutado de una agradable velada, el grupo se disponía a recoger al sexto miembro que llegaba en otro barco casi a medio día. Todos juntos, bajaron al pueblo a recibirlo. Decidieron dar un paseo por los alrededores y comprar unos dulces para tomar un aperitivo antes de preparar la gran fiesta del sábado noche. Con una temperatura más que agradable para estar tan cerca de las montañas en donde aún quedaba nieve, comenzaron a disfrutar ya todos juntos de los momentos que se iban sucediendo…

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Después del aperitivo en la terraza donde no faltaron las risas y la diversión, volvieron a repartir las tareas para la preparación de la cena. En medio de este alboroto organizativo, se dieron todo tipo de situaciones dignas de observación psiquiátrica…

Y por fin, después de todas estas «historias para no dormir» compartieron la deliciosa cena que habían preparado entre todos, para continuar con la música en vivo de la mano de Mr. E. y su inseparable guitarra. Hubo más risas, muchas risas… juegos… en los que a más de uno se le hizo la recomendación de tomar un curso de dibujo… mira que confundir «comida para llevar» con un «zapato de luz»?? … whaaaaaat???

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Y aunque parezca el final de la historia, nada más lejos de la realidad. Aún quedaban cosas por ocurrir en aquella cabaña y sus alrededores. Ellos, ajenos a los acontecimientos que estaban por llegar, seguían disfrutando de la comida, la bebida, la música, las risas y la buena compañía…

Si te has enganchado a esta historia, no te pierdas el próximo capítulo… continuará!!

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