COTIDIANO

Las travesuras del cielo

Seguro que alguna vez te has preguntado por qué el cielo puede cambiar de color y ser azul, rosa, violeta, gris, verde, anaranjado, amarillo-dorado, o rojo. Pues no es más, ni menos, que el resultado de dos fenómenos físicos.

El sol emite una luz blanca visible la cual está determinada por un rango de longitudes de onda en las que se incluyen todos los colores que somos capaces de ver. Cuando esta luz pasa a través de la atmósfera, se dispersa debido a los gases que la componen, y lo hace de diferentes formas. Así la luz azul, que tiene una longitud de onda más corta, se dispersa en primer lugar, después el verde, hasta llegar al amarillo-rojo, luces de longitud de onda más larga. Por eso es la atmósfera la responsable de que veamos esos colores impresionantes que en muchas ocasiones nos regala el cielo.

El color azul del cielo es más intenso al mediodía o en las horas en las que el Sol está “más alto”.

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El cielo se vuelve gris debido a que se forman los cúmulos de nubosidad, dependiendo de la cantidad de agua que haya en dicha nubosidad, encontraremos nubes blancas, grises, o casi negras. Es en las nubes donde las gotas de agua incoloras esparcen la luz en todas las direcciones pero sin alterar su color, de ahí que se vean blancas. Cuando esta difusión es masiva y las partículas que provocan la difusión son incoloras, el resultado es la atenuación de la luz blanca hacia grises cada vez más oscuros. Esta es la causa de que en los días muy nublados, cuando las nubes son muy gruesas, el cielo aparezca más o menos gris, y a veces casi negro.

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Todas las coloraciones y formas que el cielo nos ofrece, tienen una propiedad común: que no pueden imitarse con los medios humanos. Siempre que se intenta reproducirlas sobre un lienzo, un papel, madera o metal, se fracasa irremediablemente. Son obra de un maestro que dispone de medios verdaderamente «celestiales». Su pincel es la luz solar, y su lienzo es el voluble éter con sus nubes y el finísimo tejido del velo del polvo atmosférico: ningún artista dispone de ellos – THEO LÖBSACK ( El Aliento de la Tierra)

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Cuando cae el sol al atardecer, el cielo azul se tiñe de rojo.  A medida que el sol se va marchando y se va colocando en el horizonte van predominando los colores cálidos. Pinceladas doradas, amarillas, anaranjadas y rojas inundan el ambiente y nos envuelven creando una sensación de absoluta calma y belleza…

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Sólo me queda experimentar en primera persona las indescriptibles luces y colores de las auroras boreales. Pero estoy cerca… y ellas también?

Hasta pronto!

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