MIS VIAJES

Røvær: encantos y entresijos de una pequeña isla (primera parte)

Veinticinco minutos al oeste de Haugesund, se encuentra Røvær, esta pequeña isla de poco más de cien habitantes. Sólo se puede acceder a ella en barco, pero se recorre a pie. Era la primera vez que la visitaba, pero enseguida supe que no sería la última. Aquel peculiar  entorno escondía muchas cosas en su interior, era como una pequeña caja de sorpresas. Y de misterios. Sí. Definitivamente cada rincón, cada casa o cualquier otro lugar que iba descubriendo, mostraba un aspecto misterioso, historias ocultas, tiempos pasados, gentes de ahora con vidas de antes… era una inquietante pero a la vez emocionante sensación.

Tenía dos días y medio para exprimir al máximo la visita y capturar con mi cámara todo lo que se pusiera delante de ella. Y allí, un viernes por la tarde, cuando el barco nos dejó en el muelle y se volvía tan sigilosamente como había llegado, comenzaba esta historia…

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Una casa típica de madera con vistas al mar sería mi lugar de residencia durante ese fin de semana. Una casa en la que conviviría con otras diez mujeres. Diez mujeres con las que había compartido durante casi un año, una experiencia fotográfica que ya está llegando a su fin.

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Ilusionadas y con muchas ganas de empezar a descubrir la isla, acomodamos nuestras cosas, nos dividimos en pequeños grupos y cámara en mano comenzamos nuestros primeros recorridos en diferentes direcciones.

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El primer contacto con la isla fue un paseo por los alrededores de la casa donde nos hospedábamos, ya que la cena estaba prevista para algo más tarde y no teníamos tiempo de alejarnos mucho. Parecía como si fuésemos las únicas habitantes de aquel lugar. Sólo nuestros pasos se oían mientras nos íbamos adentrando en terrenos desconocidos.

De repente estábamos rodeadas!! rodeadas de una naturaleza salvaje y de paisajes que nuestros ojos no terminaban de creerse…

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No sabíamos hacia donde dirigir la vista… el paisaje que teníamos delante nos había cautivado. Ahora sólo se oían disparos… los de nuestras cámaras, que intentaban captar todo lo que había a nuestro alrededor con la misma euforia con la que los niños se lanzan sobre las chucherías que caen al suelo desde una piñata.

Así pues, con la sonrisa puesta y un montón de fotografías en el bolsillo, volvimos a la casita de madera para compartir la cena y el resto de la velada.

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A la mañana siguiente, parecíamos guerreras dispuestas a lidiar una nueva batalla. Cargadas con nuestras mochilas y todos los utensilios necesarios pusimos de nuevo rumbo hacia el centro de la pequeña isla. Allí nos esperaban más historias y paisajes de ensueño.

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Si quieres conocerlos, no te pierdas el próximo post… llegará muy pronto!

Hasta la próxima!?

 

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