MIS VIAJES

Descubriendo las Islas Cícladas

El Archipiélago griego de las Islas Cícladas está situado en el centro del mar Egeo y en total suman alrededor de 220 islas. Este era uno de los destinos que tenía en mi lista de deseos, y este año, el deseo se hizo realidad. Si quieres conocer un poco más este idílico lugar, acomódate en tu sillón porque te voy a contar cómo ha sido esta experiencia; así podrás anotar ideas o sugerencias si estás pensando en viajar aquí. Y si ya has tenido la suerte de conocerlo, acomódate también y acompáñame de nuevo en este viaje, quizás te traiga bonitos recuerdos. Comenzamos el recorrido por una de las islas más famosas…

Santorini: la isla de azul y blanco

Santorini nació de una gran explosión volcánica, de ahí su característica forma geográfica, pues casi todos sus rincones están al borde de acantilados con vistas espectaculares al mar. Al ser de origen volcánico, también es escarpada y rocosa, y por otras zonas es menos alta hasta llegar a sus playas de arena oscura. Bastan unos tres o cuatro días para conocer esta isla de contrastes blancos y azules. En mi caso, elegí Santorini porque quería conocer la isla quizás más nombrada de todas, y por otro lado, porque era el lugar de conexión con mi destino principal… el cual descubriré en el siguiente post.

Cada pueblo tiene su encanto particular, pero aquí voy a destacar dos lugares que para mí son los más atrayentes de la isla. El primero es Thira, la capital de Santorini. Es un lugar turístico y muy variopinto. Sus calles empinadas y estrechas dificultan un poco el recorrido, tanto a pie como en coche. A pie, porque está llenísima de gente por donde quiera que vayas, y en coche porque se conduce «a lo loco». Los peatones caminan por el borde de la carretera y van siendo esquivados por los coches que circulan en doble sentido… casi no hay sitio para todos! Esto me pareció un poco caótico. Y cuando eres tú quien conduce, a parte de los peatones que aparecen por todos lados, de repente encuentras un coche estacionado literalmente por el carril en el que circulas. En fin, un poco diferente a lo que estamos acostumbrados. Pero una vez que estás en pleno centro, comienzas a descubrir todos los encantos del lugar. Cada detalle es una maravilla. La capital está llena de comercios preciosos para el turista, restaurantes, terrazas con vistas al mar, hoteles, cafés, etc.

Nosotros viajamos en la segunda quincena de junio y disfrutamos de un clima perfecto, aunque los primeros días de julio la temperatura subió bastante más. Por eso, es recomendable quizás el mes de junio porque es un lugar muy caluroso durante julio y agosto, lo que dificultaría el paseo por la isla, especialmente si viajas con niños.

Durante el recorrido por las calles de Thira, hicimos una parada en una terraza con vistas al mar y allí descubrimos tres formas de conocer el viejo puerto de Athinios, situado al final del acantilado. Si no quieres ir a pie y bajar por sus más de 500 escalones, tienes la opción de ir en burro (muy típicos en la isla, por cierto) o en telesférico. La primera la descartamos obviamente ya que viajamos con nuestras peques. Lo de ir en burro, fue un NO rotundo por nuestra parte, ni siquiera se consideró la opción. Nos daba mucha pena ver a los pobres burritos bajar y subir con personas a cuesta con una temperatura de 30 grados. Así que elegimos el telesférico, un poco caro para lo que dura la bajada, pero era la única opción. El puerto realmente no tiene nada especial, algunos botes en el muelle, un par de restaurantes y algunas tiendas de souvenirs. No se pierde mucho si no lo visitas…

Como decía anteriormente, cada pueblecito tiene su encanto, con lugares muy pintorescos que merece la pena visitar, al igual que sus playas, especialmente las de Kamari y Perissa. Pero una que sin duda no te puedes perder, es la Playa Roja (Red Beach), una playa de arenas y fondo rojo intenso que contrasta con el azul de sus aguas. Muy cerca de la playa se encuentra también el yacimiento arqueológico más importante de Santorini, llamado Akrotiri, por lo que es un buen plan hacer esta doble visita.

El segundo lugar que quiero destacar es Oia, aunque para que nos entiendan tenemos que pronunciar (Ia). De todos los lugares, éste es probablemente el más fotografiado por su fascinante puesta de sol, conocida en todo el mundo. Y porque fue todo un espectáculo, dedicaré un post solamente a ello que podrán leer dentro de poco. No te lo puedes perder!!

Oia es un lugar de ensueño, de cuento… Sus calles con rincones insospechados de un blanco intenso, escaleras estrechas de piedra y sus maravillosas vistas, hacen que sea un lugar de obligatoria visita sin lugar a dudas. En su recorrido encuentras infinidad de tiendas de ropa y joyería muy lujosas, tiendas de arte y artesanía preciosas. También cafés, restaurantes y terrazas con increíbles vistas y siempre acompañados de una música apacible, lo que hace más agradable la estancia en el lugar. Y por supuesto, encontrarás también iglesias y ermitas en todos los pueblos de la isla.

Los gatos son otro elemento muy común de estos paisajes. Los encuentras por cualquier lado, tanto es así, que son una de las imágenes típicas en los souvenirs como recuerdo de la isla.

La comida griega es muy rica y variada y con la cantidad de restaurantes y tabernas que hay en la isla, es imposible no probar sus platos típicos. Quiero destacar la taberna «Good heart» un restaurante familiar que además de utilizar en sus platos los productos de su propia cosecha, derrochan amabilidad y simpatía. Tienen además una pequeña tienda de venta de productos típicos, especialmente mermeladas elaboradas por ellos mismos, como la mermelada de higo,  de melón y de rosas!! todas buenísimas, pero me quedo con la de rosas… Aquí puedes probar entrantes y platos autóctonos como el Tzaziki, que es una crema de yogur con pepino rallado, aceite, zumo de limón, ajo y perejil. El Moussaka, un plato hecho a base de berenjenas en capas, carne picada y tomate, parecido a una lasaña. El souvlaki, un plato popular consistente en pequeñas piezas de carne intercaladas con verduras y aderezos. Se come con las manos, dentro de un pan de pita o en forma de pincho. Además de las imprescindibles ensaladas griegas con queso fresco de cabra o queso feta, las albóndigas de carne con tomate, croquetas de verduras y sus platos de quesos horneados y gratinados.

En cuanto a la bebida, son muy tradicionales sus vinos ya que la isla cuenta con innumerables bodegas. Y como no, las cervezas. Aquí destaco tres de ellas por orden de preferencia: Fix, Mithos y Alfa.

Si he conseguido «abrirte el apetito» con este primer recorrido, no puedes perderte los próximos post. Te aseguro que esto es sólo el aperitivo de lo que está por llegar. Espero que hayas disfrutado del relato y los paisajes, y si te he despertado las ganas de viajar a este maravilloso lugar, ya me doy por satisfecha…

Hasta el próximo capítulo!

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